La muerte de Sebastián Moro: fue el golpe

Noticias 16 de marzo de 2020 Por Rodrigo Savoretti
Hoy se cumplen cuatro meses de la muerte del periodista argentino Sebastián Moro en el hermano país de Bolivia en el marco del golpe de Estado que sufrió el gobierno legítimo de Evo Morales. Para entender mejor la causa repasamos necesariamente el contexto latinoamericano, de ayer y hoy, y te contamos quién era Sebastián, dónde ejercía su periodismo, su fallecimiento y las distintas denuncias y acciones que se han llevado a cabo a nivel nacional e internacional para pedir Memoria, Verdad y Justicia, los mismos estandartes de lucha que él defendía.
Ver galería 8378ce21-e8b0-42bb-a468-55cc3c8b2889
1 / 2 - Foto: gentileza





La última década ha sido para Latinoamérica una nueva etapa marcada por la violación sistemática a los Derechos Humanos llevada a cabo por los mismos Estados nación que deberían garantizarlos. Pero con el capitalismo financiero contemporáneo, vivimos en el mundo del revés, donde la muerte y la violencia son la paz y la armonía de cada día. Los militares y las iglesias volvieron a la escena, o quizás nunca se fueron. Al igual que los empresarios del “libre” mercado, que tienen todo atado a sus pies, y a nada más que a sus pies. 


El plan cóndor apretó F5. Al imperio nunca le cabió que sus dominades pidan por una vida digna. Mucho menos si vienen de su “patio trasero”, como ellos denominan a esta parte de la tierra, siempre tan golpeada y en pugna. Tal es así que los procesos de inclusión, integración y unidad que les distintes líderes regionales y populares habían logrado en la primera década del siglo XXI se vio totalmente afectada por la irrupción de un nuevo plan de terror para el continente. 


Lo que empezó con la persecución mediática y judicial a estos cuadros políticos, mejor conocido como el “lawfare”, continuó con una violencia sistemática hacia los pueblos que aún no tiene fin. Los gobernantes de derecha, patrocinados por el águila de los tres colores, se impusieron mayoritariamente en casi todos los países latinoamericanos a través de las urnas pero siempre en clave fraudulenta. Fue allí en donde empezaron desde el Estado a bajar sus políticas neoliberales de odio, persecución y pobreza planificada. Desde entonces, cada día es una tristeza nueva. Las y los presos políticos son moneda corriente al igual que la represión y la violencia institucional. Les verdaderes periodistas, como Sebastián, han sido perseguides, asesinades o abandonados a la suerte del desempleo. La violencia del capital, ha precarizado -aún más- la vida de millones de latines, condenades a trabajar a destajo para mantener un orden y equilibrio mundial que nunca nos ha tenido en cuenta, o si lo ha hecho, es para ser funcional al sistema de dominación que sufrimos hace cinco siglos.


El miedo de les gobernantes de derecha es un pueblo sin miedo. Y justamente pueblos sin miedo son los que han resistido y se han organizado para transformar las realidades. Octubre del año pasado representó un quiebre para el orden establecido en esta parte del globo. Chile despertó, con protestas y manifestaciones que no concluirán hasta obtener una nueva constitución y la renuncia del nuevo Pinochet: Sebastián Piñera. Los muertos son más de veinte y ya casi es incontable la cantidad de violaciones a los derechos humanos que los militares y los carabineros han llevado a cabo en contra de su población. Ecuador, a través de sus pueblos originarios y su clase obrera, logró que su presidente Lenín Moreno diera marcha atrás con sus ajustes económicos aunque con represión y muertes. En simultáneo Colombia salió a las calles de manera conjunta para pedir la tan anhelada paz que la gestión de Iván Duque ha vendido a los paramilitares y a las fuerzas represivas. Argentina le dio un patadón a Macri - el peor presidente desde la vuelta de la democracia- en las elecciones presidenciales y se respira otro aire con la llegada del peronismo a pesar de la crisis. Brasil sufrió un golpe con la ilegítima destitución a Dilma Rousseff  en el 2016 y el arbitrario encarcelamiento de Lula Da Silva poco tiempo atrás. Al gigante latinoamericano lo gobierna Jair Bolsonaro, un ex militar que nada tiene para envidiarle a Mussolini. Paraguay es gobernado por un hijo de la dictadura de Stroessner, nada más, nada menos. Y la Venezuela de Maduro sigue en plena resistencia ante el bloqueo económico de EEUU y sus intentos de desestabilización fracasados.

Aunque la sed de poder nunca es suficiente para las clases dominantes y sus afiladas garras. Faltaba la frutilla del postre: la Bolivia de Evo Morales. El primer presidente originario de un país de América del Sur, seguía hace una década un camino sostenible con sus políticas de un Estado fuerte, inclusivo, plurinacional y ampliador de derechos. Pero demostrar que se puede mejorar la vida de millones a través de modelos de sociedades distintas a las que impone el orden neoliberal puede ser un pecado mortal para el imperio y el castigo: un golpe de Estado como el ocurrido el 10 de Noviembre del año pasado en el país boliviano.

Un día antes de la consumación del golpe, la familia de Sebastián pierde todo contacto con él. Un amigo del periodista va a su departamento y lo encuentra en el piso totalmente inconsciente. Lo internan en el hospital con una Bolivia prendida fuego. Su hermana viaja a verlo y lo encuentra en terapia intensiva con golpes en el cuerpo. Días más tarde, quizás producto de esa golpiza, le da un ACV y muere el 16 de Noviembre.  Su cuerpo fue cremado ya que las autoridades bolivianas se mostraron hostiles a la hora de llevarlo para Argentina. Nunca se encontraron sus herramientas de trabajo, de las cual Moro nunca se desprendía. Acá no hay dudas: a Sebastián Moro lo mataron los golpistas. Y la responsable política de su muerte es Jeanine Añez. 

foto-20bernardino-20avila-20-sebastian-20moro


En tiempos complejos y adversos como los que corren no hay lugar para tibies. Y mucho menos en lo que respecta a la comunicación. A pesar de que los grandes medios de desinformación masiva hacen lo que sus ceos ordenen, ya sea mentir, distorsionar, tergiversar, mentir de nuevo y manipular a las grandes masas, hay quienes se le paran de frente a dichos monopolios y comunican con y desde el pueblo. Este era el caso de Sebastián Moro. Un periodista mendocino de cuarenta años comprometido con los DDHH que había abandonado el país hace dos años debido a la situación de crisis que aún hoy atraviesa argentina por el robo organizado de Macri y sus amigues en cuatro años en el poder. Siempre crítico, reflexivo y lector de Walsh, Gelman y Urondo, ponía su cuerpo a disposición de les campesines bolivianes. Entendía que la patria es el otro y actuaba en coherencia a sus ideas. Resistió todo lo que pudo y dejó la vida por una causa justa. Para quienes ejercemos la comunicación, Sebastián Moro no se olvidará jamás. No nos cansaremos de pedir justicia en su nombre. Será bandera en nuestra lucha por un mundo mejor y para todes.


La familia de Sebastián Moro se ha reunido con Evo Morales y también con Horacio Pietragalla, secretario de Derechos Humanos de la Nación. Ambos se comprometieron a buscar la verdad y a pedir justicia. Al igual que todos los organismos de Derechos Humanos a nivel nacional. Su causa fue presentada ante la Comisiòn Interamericana de Derechos Humanos y el pasado miércoles ante la ONU. Un día después, la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos en conjunto con el Comité en Solidaridad con los Pueblos Latinoamericanos, sus respectives abogades y la familia de Sebastián, presentaron una denuncia ante Juzgados Federales II de la Provincia de Córdoba. Una denuncia más que se suma a las anteriores presentaciones judiciales que buscan juzgar a los crímenes de lesa humanidad ocurridos en la tan querida Bolivia, ahora dictatorial y sin Estado de Derecho ni justicia alguna. 


Dijimos Nunca Más. Exigimos Memoria, Verdad y Justicia para las víctimas. Gritamos “Juicio y Castigo” a les responsables porque como decía Juan Gelman: “No se puede dejar descansar a la memoria, no se puede uno arrellanar en la comodidad del olvido, porque el hombre ¿es memoria o qué?”.